Las fricciones internas en Morena escalan de tono en Yucatán. Lejos de la unidad que pregona el movimiento, la contienda por el tercer distrito federal ha desatado un auténtico choque de trenes entre correligionarios que amenaza con dejar más de una baja política en el camino.

Por un lado, la legisladora local Clara Rosales Montiel —cuya paso por el ojo público ha estado marcado por la polémica tras regalar lonas del DIF Yucatán a sectores en situación vulnerable— decidió mover fichas. La tabasqueña ya se inscribió formalmente ante las instancias electorales de su partido con una clara misión: arrebatarle la demarcación a su compañero de bancada, el actual diputado Oscar Brito Zapata.

Mientras tanto, en la otra trinchera, la situación para Brito es un auténtico volado. El legislador sigue deshojando la margarita mientras evalúa su futuro político: su gran sueño es gobernar Mérida, un anhelo que choca con la realidad del tablero político.

Al final, los dados están en el aire y el riesgo es alto. El fantasma de la fábula acecha a Oscar Brito, quien corre el peligro de quedarse como el perro de las dos tortas: sin la reelección en la diputación federal y sin la codiciada alcaldía de Mérida, condenado quizá a conformarse con un modesto espacio como regidor en el cabildo.

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